¿A qué suena el silencio? (Raúl Fernández)


Este es un espacio para que korridores de todos los países de habla hispana nos compartan su manera de sentir o vivir esta locura llamada correr.

Porque por más lejos que nos encontremos, corriendo nos conectamos.


Mi nombre Raúl Fernández, soy de España, nací en diciembre de 1977, soy corredor de ultra distancia en montaña, patrocinado por Nutrytec y Mizuno, con este último colaboro probando sus productos. Corro junto a mi compañera Mery, (Equipo Rosa) corremos aproximadamente una vez al mes y gracias a la preparación siempre logramos pódium.

El corredor Correr porque si

Hace casi dos años un doloroso suceso me marcó profundamente, de esto se desprende el número 43 el cual como recuerdo llevo tatuado en mi brazo, mi blog Correr porque sí está impregnado de esto e incluso quise ir más allá y en homenaje a este suceso escribí un libro, ha tenido mucha aceptación, es un libro de auto ayuda el cual se llama:

-¿A qué suena el silencio?-

libro a que suena el silencio Raúl Fernández

Gracias a Korridori Merino por permitirme difundir no sólo en México sino en otros países de habla hispana un extracto de mi libro, de mi vida, de mi historia.


Habíamos quedado temprano, no recuerdo la hora con exactitud supongo que eran las 9 ó 9:30 AM. Recuerdo sentarme en el coche con los pantalones cortos y sentir frío por culpa del asiento. No estaban siendo unas noches demasiado frías pero a esas horas y apenas unos minutos de haberme duchado mi cuerpo tenía la piel de gallina.

Apenas separan 9 kilómetros de su pueblo y del mío, tarde relativamente poco en llegar, creo que a la calefacción del coche ni si quiera le dio tiempo a calentarse. Aparque en su puerta y le vi a unos metros de distancia, vestido de deportista y paseando a sus perros, un pantalón corto a juego con unas perneras de color negro, camiseta de color naranja de manga larga Mizuno y una gorra del mismo color que los pantalones, recuerdo perfectamente porque yo le había regalado esa ropa, mi atuendo para ese día había sido una camiseta técnica como la suya pero de color negro y verde, pantalón corto y perneras también de color negro, incluso llevábamos las mismas zapatillas.

Mientras los perros terminaban de hacer su paseo matutino nosotros charlamos amistosamente, de todo y de nada, de mil cosas con sentido y de otras mil sin ninguno, cerró la puerta del garaje dejando los peros dentro, le di la llave del coche para que la dejase en casa y así no me molestase mientras corríamos.

En la cabeza teníamos la próxima cita, pensábamos en Peñalara, carrera de 60 kilómetros por la sierra de Madrid con subida a su cima más alta, puede que al final no se hubiese animado a correr conmigo o que le hubiese surgido algo pero mientras entrenábamos algo había cambiado en su interior, tenía muchas ganas de correr a mi lado y para mí era lo mejor del mundo.

-Correr a su lado no tenía precio por un millón de motivos-

Esos mismos hacían que me aplicase y entrenara con ganas, habíamos salido del pueblo y con ello del asfalto, entrando en un camino duro, muy usado por vehículos, poco a poco íbamos dejando atrás la civilización para adentrarnos en caminos solitarios, caminos de buenas conversaciones, nos dejábamos llevar y parecía que volábamos por ellos.

Cruzamos un puente, apenas se dio cuenta, me decía que íbamos muy rápido pero se encontraba cómodo, corría a una velocidad alta porque le estaba dando la chapa y poniéndole la cabeza como un piano con mi charla continua, en realidad lo hacía precisamente para eso para que se olvidase de donde estaba y solo moviese sus piernas. Tenía que prepararle para poder aguantar la exigente carrera de Peñalara.

Una bajada pronunciada nos adentro en un lugar mágico, un lugar entre pinos, ahora mismo mientras estoy escribiendo voy recordando perfectamente el sonido de nuestras pisadas sobre las acículas, las hojas puntiagudas que caen de los pinos y que tenían cubierto por completo el camino. También recuerdo perfectamente el olor que ahí estábamos experimentando los dos.

Salimos de ese hermoso lugar que por siempre ha quedado grabado en nuestras cabezas, llevaríamos unos 7 u 8 kilómetros, se estaban haciendo muy cortos gracias al buen rollo y al ambiente tan perfecto que se había creado a nuestro alrededor.

La mañana no era demasiado fría, el sol no había aparecido pero la ropa que llevábamos nos estaba manteniendo calientes. Al salir del pinar nos colamos por un camino que los dos sabíamos  no era el apropiado pero en realidad nos daba lo mismo ya que no teníamos pensado por donde iríamos, que cantidad de kilómetros recorreríamos y cuando dejaríamos de correr.

Como decía el camino no era el adecuado ya que nos dimos de bruces con un sembrado, nos paramos, nos miramos y se dibujaron risas en nuestras caras al contemplar donde estábamos…

-¿Dónde coño estamos y cómo coño se sale de aquí?-

Risas y más risas, nos contagiábamos el uno al otro de aquella situación, salir de allí era de dos únicas formas, desandar lo andado o continuar por el sembrado, decidimos continuar, mal corríamos por aquel campo lleno de trampas producidas por matorrales y surcos hechos por los tractores que unos días antes tendrían que haber estado allí, era él quien iba retratando con su móvil estos momentos de domingo.

-De domingo inolvidable-

Cuando pudimos salir de allí dimos con una carretera, teníamos que atravesar un riachuelo seco para poder llegar a ella, supongo que habríamos recorrido unos 17 kilómetros, habíamos regresado al pueblo sin saber muy bien por dónde, la cuestión es que estábamos allí y sabía que él no tardaría mucho en decirme que ya tenía suficiente por ese día.

Intenté engañarle corriendo lo más lejos posible de su casa pero ya se ocupaba él de elegir las calles apropiadas para conseguir el efecto contrario,  llegando a un polideportivo donde se estaría celebrando algún partido de fútbol de chavales, digo chavales porque escuchábamos gritos y eran  adolescentes, fue allí donde puso el final de su carrera de domingo, él sabía que yo quería continuar pero yo sabía que lo tendría que hacer solo.

Efectivamente recorrí unos 9 kilómetros más en solitario, durante ese recorrido no me percataba de lo que sucedería, me limitaba a correr pensando en mi próxima cita con la montaña, tenía ganas y estaba sobrado de fuerzas y de ilusión, di una vuelta entre casa y caminos y regresé por la carretera, era la manera más rápida de llegar hasta el coche, las ganas se habían ido apagando ya que la conversación, la buena conversación se había terminado.

-Continuaba corriendo sin saber realmente lo que era el silencio-

Ya en la puerta de su casa, llamé al timbre y tardó apenas unos segundos en abrirse de nuevo la puerta del garaje, salió duchado y con ropa limpia, los perros también salieron a la calle, estábamos allí él y yo otra vez, los dos solos en compañía de los cuadrúpedos, comentamos sobre los últimos kilómetros que había corrido en solitario, le dije que habían sido largos en comparación de los anteriores en su compañía, terminamos la conversación.

-Nos despedimos con un par de besos y un luego te veo-

Monté en el coche, puse la calefacción para no quedarme frío y salí de las calles de su pueblo, ya en carretera, solo, sin música, pensaba en el silencio, ese silencio que sin darme cuenta sería mi compañero de viaje para el resto de mi vida. Como decía unas líneas atrás, no me percataba de que ese silencio se iba a quedar en mi vida para nunca marcharse.

Atrás estaba quedando una estupenda mañana de domingo, unos kilómetros de risas y de cariño, de un momento mágico creado por alguien para nosotros, especialmente… -Para dos amigos, para dos compañeros…

-Para dos hermanos, ésta había sido sin saberlo, nuestra última carrera-

Pensábamos en Peñalara, en correr allí juntos y allí decidí llevar un poco de él, dejándole contemplar lo más bonito de Madrid, haciendo con ello que ese lugar sea mágico para mí, para nosotros, allí tan alto como está, que casi se puede rozar el cielo.

-Allí, cuando subo y grito su nombre, que quizá pueda escucharme-

Muchos dicen que hay un antes y un después de correr conmigo, creo que ahí reside todo, creo que ese domingo cualquiera fue el culpable de ese antes y después de correr conmigo, es en ese domingo donde todo estaba empezando a cambiar.

-Donde no me percaté hasta que fue demasiado tarde-

De haberlo sabido o de haberlo intuido hubiese cambiado de conversaciones, le hubiese dicho una y mil veces lo mucho que me gustaba correr con él y que sin él ya no es ni será lo mismo, pero entonces ya no hubiese sido el mismo domingo.

Esta vida nos tiene preparados un futuro incierto, un futuro que no podemos imaginar, un futuro que tan sólo podemos esperar, un futuro que tan solo podemos soñar…

-Esperaremos nuestro futuro-

Raúl Fernández


El hermano de Raúl después de ese domingo cualquiera sufrió un accidente cerebral, dejándolo 43 días en coma, Raúl dice que ese número el 43 es un símbolo de fuerza, ganas y sobre todo amor por la vida.

-Vida que el hermano de Raúl perdió, después de un domingo cualquiera-


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KM.

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