Correr como si fuera la primera vez (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXV)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XXIV – María había enfrentado su primera sesión de quimioterapia, sus fuerzas se habían ido, más no su gran espíritu, el cual se incrementó cuando al salir vio a su madre, su hermana y su mejor amiga, pero sobro todo cuando vio a otra persona.

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Capítulo XXIV: Cuando corres… ¿En qué sueñas?


Un profundo ¡Hola! Se dejó escuchar afuera de aquella sala de quimioterapia, tras escuchar esto, una especie de magia pura fue la que iluminó su rostro, fue una grata sorpresa que ella no esperaba.

Era Mateo el chico músico, ciego.

-¡Mateo qué sorpresa! ¿Cómo supiste que estaría aquí?-

– Las personas como yo, fuimos privadas de un sentido, pero bendecidas con otro, así que no fue complicado intuir en cada una de tus palabras la situación que enfrentarías, bueno… fue algo de esto y también que pregunté a Aurora, espero que no te moleste por entrometerme-

-¿Molestarme? Para nada Mateo, al contrario te agradezco infinitamente que hayas venido, fue muy largo este proceso, me siento devastada pero al mismo tiempo muy entusiasmada porque sé que pronto estaré bien-

-Así será María, así será- afirmó Mateo.

Después de unos minutos todos se dirigieron al estacionamiento donde se encontraba el auto de María, Mateo se despidió pero ella se lo impidió.

-Mateo me encantaría que nos acompañaras a mi departamento, mamá preparará su delicioso café y una taza de éste será justo para ti-

Él se sonrojó tras la invitación, a pesar de que era un hombre tan varonil con una personalidad firme y atrayente, Mateo tenía una especie de inocencia, salpicada de bondad, las cuales pocas veces había visto María dentro de un hombre.

El camino al departamento no fue muy largo, al llegar a éste de forma cuidadosa Mónica y Aurora ayudaron a María a subir las escaleras, Mateo como siempre se dirigió con su inseparable bastón. Doña Natividad preparó su mejor café, sin duda el poder de la compañía y sobre todo del amor de amigos y familia hicieron que el momento posterior a la quimioterapia hasta cierto punto se olvidará.

Después de un tiempo, Mónica y Aurora se despidieron, por su parte Doña Natividad se dirigió a la cocina, mientras tanto en la sala del departamento, María se quedó a solas con Mateo, y justo ahí una idea loca le pasó a ella por su cabeza.

-Mateo, necesito correr un rato, sentirme libre, sacar mis miedos, elevar mis sentidos, pero mamá me dirá un sermón y con justa razón creo yo, así que le diré que sólo bajaré a despedirte, pero… no sólo esto sucederá, quiero que corras conmigo, como sea, como puedas-

-María estás loca, me pides primero que le mienta a tu madre, segundo que te permita correr justo hoy que has recibido tu primera quimioterapia y por último ¿Quieres que me tropiece o peor aún me muera? Nunca he corrido en mi vida-

-Háganos algo… yo te enseño a correr justo a mi lado y tú me enseñas a tocar el piano ¿Qué te parece? Señor don músico-

-Está bien, pero tú irás muy delante de mí, seguro que eres muy veloz-

-No te preocupes, yo seré tu guía y tus ojos cuando corras-

Rápidamente María se dirigió por sus fabulosos tenis rotos, los escondió entre su ropa, y con aquel pretexto de despedir a Mateo, ella y él se despidieron de Doña Natividad.

Al llegar a la calle María se sentó en la banqueta, ató fuertemente sus agujetas y así estaba lista, parecería que los mareos, la fatiga, todas las secuelas producto de la quimioterapia justo ahí se olvidarían.

María tomó el bastón de Mateo y le dijo él: -Ahora éste seré yo, confía en mí-

-Pero María los tenis que estoy usando no son para nada hechos para correr, que pena contigo-

-No te preocupes, hoy no vamos a correr, vamos a volar-

María tomó el brazo derecho de Mateo, inmediatamente hubo una conexión de confianza, y de esta forma; uno, dos, tres pasos y después vinieron más, de forma lenta, armónica, disfrutando de la noche, María se convirtió en los ojos de Mateo, ella iba indicando frecuentemente todo lo que venía delante de él, parecería que Mateo no era ciego o quizá se debía a esa bella conexión que había hecho con María.

Así fueron transcurriendo los metros,  los kilómetros, los dos sintiendo paz, una que bailaba al compás del aire, de los sonidos y sobre todo de los sentidos, no importaba que Mateo estuviera carente de uno de ellos, juntos fueron viviendo un momento para perderse de sí mismos, pero irónicamente se fueron encontrando con su interior, un momento para descomponer el mundo y volverlo a componer, de saber que la vida se alcanza con esfuerzo y dedicación y correr tiene mucho de eso, entonces por eso correr es vida, y esto precisamente fue lo que aquellos dos, una corredora el otro músico por pasión, fueron sintiendo en su corazón.

Ese día, esa tarde, ese lugar, fue como correr por primera vez.

María y sus tenis rotos 2

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Capítulo XXVI – Todo estará bien


Derechos de autor bajo la marca Korridori Merino.




KM.

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