Cuando corres… ¿En qué sueñas? (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXIV)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XXIII – una vez más al correr salvaste la vida de otra persona, así que por aquel día que escapaste del hospital, alguien muy pronto con todo su corazón te dirá mil gracias. Fueron las palabras que la misteriosa mujer de encanto blanco le había dicho una vez más a María dentro de la cafetería.

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Capítulo XXIII: Detenerse a disfrutar 


María giró lentamente su silla hasta quedar de frente a la persona que mágicamente cantaba su canción favorita, cuando Unfogettable terminó, al unísono dentro de aquella cafetería se escuchó un sonoro aplauso. Para María la sorpresa fue mayúscula al ver que esa persona era Mateo Arreola, el músico ciego con el cual ella se había estrellado imprudentemente. María no pudo dejar de sonreír, saber que su canción favorita fue cantada por aquel hombre que conoció por una “terrible casualidad”, simplemente era increíble.

Mateó cerró su piano, tomó del suelo su bastón y se dirigió lentamente hacia la parte trasera de la cafetería, María se acercó rápidamente a él:

-Mateo, ¡Hola! Soy María García, ¿Me recuerdas?-

-María ¡Hola! Como no recordar a la loca imprudente que se estrelló conmigo de frente-

Los dos rieron profundamente, sin duda recordar el momento y lugar en el cual se conocieron siempre fue y será algo muy peculiar de recordar. María cuestionó a Mateo acerca de su repentina salida sin avisar de aquel hospital:

-Mateo ¿Qué sucedió? Una mañana fui a tu habitación y ya no te encontrabas ahí-

-Lo siento María, quizá no estoy hecho para las despedidas, aun y que éstas lleven tras de sí poco tiempo de conocer a las personas, ¿Quieres caminar un poco?-

María aceptó la invitación, apurada se disculpó con Aurora por dejarla sola, -anda, anda, yo entiendo María, fue lo que le contestó Aurora- antes de despedirse; María los presentó, Aurora se acercó a María y al oído le susurró -¡Amiga es muy guapo!-

A pesar de su ceguera, Mateo se movía por las calles como si tuviera un radar en la mente, Después de un largo rato caminando y conversando bajo las estrellas, María repentinamente comenzó a correr unos cuantos metros, sintiéndose como siempre lo hacía al correr, ¡Libre! Se detuvo y a lo lejos le hizo una pregunta a Mateo:

-Mateo ¿En qué sueñas?-

-¿Soñar? En el verde de las hojas, en las melodías que me llevan entre las nubes blancas, en lo maravilloso que es la puesta de sol, ese que toca cada mañana mi rostro, sueño en la magia que encierra cada rincón del mundo, sueño en la belleza de sus tulipanes erguidos hacia el profundo azul del cielo, sueño en correr sin rumbo fijo, solamente con la caricia del viento, en eso sueño, ¿Y tú?-

-En vivir con intensidad cada minuto de mi vida, sueño con superar todo aquello que en vendrá a  mi vida, aunque difícil, sueño ver en el espejo una sonrisa después de cada sesión de quimioterapia, la primera de éstas comienza en un par de días, así que mi mente se encuentra positiva-

Sin darse cuenta aquellos dos habían llegado al edificio donde se encontraba el departamento de María, la despedida; como aquella última ocasión, en ésta tampoco existió, mejor aún, sólo se escuchó un hasta luego.

Dos días después de ese hasta luego, el momento había llegado, María la gran corredora, la mujer de absoluta fortaleza, la que al correr tenía el poder de salvar la vida de alguien más, se enfrentaría a su más difícil carrera.

Su primera sesión de quimioterapia.

9:00 AM ahí estaba ella en la sala del hospital acompañada de Doña Natividad, Mónica y Aurora, María estaba llena de miedo, su cuerpo temblaba, pero también estaba lleno de determinación.

Después de un largo proceso de preparación, María estaba sentada en un sillón negro, la enfermera se acercó y con todo su profesionalismo pero sobre todo con todo su amor, le dijo:

-Todo estará bien hermosa, eres más fuerte que todo aquello que entrará por tu cuerpo-

Inmediatamente después aquella dosis de doxorrubicina comenzó a entrar por una de sus venas, la sensación era como si entrara un demonio envuelto en su fuego, uno que se iba abriéndose por cada una de las venas de María, aquella sensación de calor era indescriptible, angustiante, las emociones y los sentidos se encontraban a plenitud, cualquier sonido era agudizado por los oídos de María, aquella sala de paredes blancas, bajo la mirada de María era como estar en una hoguera, pero había que tomar las cosas con tranquilidad, pensar que todo aquello en unas horas iba a terminar, llevar quizá la metáfora del mismo maratón para vivirla ahora en aquel negro sillón.

Mareos, náuseas y decenas de lágrimas mudas fueron dejándose ver en aquellas casi 6 horas de sesión; hasta que por fin, -la sesión terminó- aquel cuerpo atlético, impetuoso, lleno de luz, estaba casi destruido, maltrecho.

La enfermera ayudó a María mientras se cambiaba de ropa, la acompañó a la salida de la sala, afuera de ésta seguía Doña Natividad, Mónica y Aurora; pero había alguien más acompañándolas, sin lugar a dudas aquella su primera y más complicada carrera no la iba a correr sola.

¿De quién se tratará?

-Espera el capítulo XXV-

María y sus tenis rotos 2

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Capítulo XXV – Correr como si fuera la primera vez.





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