Cuando cruzo la meta


Todo sucede unos cuantos segundos antes de cruzar la meta, mi corazón está sumamente agitado, mis piernas me gritan que ya no pueden más, pero faltando tan poco ya no me puedo lamentar.

Los recuerdos van y vienen, mi llanto se sostiene en una pequeña lágrima, le digo que aún no es el momento, que me esperen hasta el final, pero qué demonios, las lágrimas no respetan, así que comienzan a correr sobre mi rostro.

Miro a las personas apostadas detrás de las vallas, los niños me dicen un tremendo ¡Vamos! todos me aplauden, incluso me gritan que soy grande, lo creo totalmente porque he expuesto mi cuerpo a algo que años atrás no creía que podía hacer.

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Ya falta poco, no puedo parar, le pido a Dios que no me deje caer, que no me deje morir, que este dolor que se cuelga de mis piernas se olvide por un momento de mí.

Mis odios, mis miedos, mis frustraciones, están a punto de ser vencidas por un arco, uno que llamamos formalmente –La Meta-

Entrené y no sé si lo hice bien, sólo sé que estoy a punto de llegar, pero en mis locos pensamientos me digo: ¿Quién demonios está recorriendo la meta hacia atrás?

Son segundos, pero me parecen siglos, veo mi vida futura en un santiamén, veo lo que voy a comer, lo que voy a beber, la hamburguesa, la pizza, todo un bufet entra por mi cabeza, veo a quien voy a abrazar, a quien voy a mensajear, también veo mis fabulosos Asics GT 2000-3 ya son parte de mí y de mi historia, en ellos deposité mi confianza.

Quisiera ver a mi madre, a mi padre, a mis hermanos, a todos los que amo justo al ladito de esta meta, pero están muy lejos. Mi mente es fuerte, ya falta poco, ahí está, ya siento el placer, el gozo, la dicha, literalmente todo ha quedado atrás, ya no hay espacio para la mediocridad, es hora de sentirme orgulloso, de sentirme único; miro el reloj, no me importa el tiempo, qué más da, soy más que simples dígitos, estoy a unos cuantos pasos, ya casi llego, es momento de apretar, de vencer por lo menos a alguien más.

Lo hago y además lo rebaso, no sé de dónde viene mi fuerza, pero no la cuestiono, sigo adelante ya carente de técnica; ya casi, vamos, tú puedes, estás hecho de músculo y corazón, es lo que me digo y me repito como especie de mantra.

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Uno, dos, tres pasos o quizá diez más para llegar, ya nada importa, al demonio ese leve dolor, si has de morir que sea después de cruzar la meta; y de pronto… Dios mío la meta está arriba de mí, alzo mis brazos como queriendo tocar el cielo, cierro mis ojos, me persigno, la sensación es indescriptible, toda mi vida, pasado, presente y futuro los veo frente a mi…

Cuando cuzo la meta

Justo después los dolores se vuelven a presentar, quiero llorar, pero no de dolor, sino de satisfacción, por qué lo hice, ya ni lo sé, las razones por las que comencé se quedaron atrás.

Camino un poco con la mente y cuerpo agitado, busco un poco de agua, recibo un mar de ésta y mil cosas más, de nuevo comienzan los aplausos, no sé qué hice para merecerlos, pero aun así los agradezco, miro a una anciana que me dice; –estoy orgullosa de ti– inmediatamente después cuelga sobre mi cuello una medalla- tomo sus manos, le doy un profundo gracias, me doy la vuelta y ya no puedo más, me echo a llorar.

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Un corredor mira mi llanto, acaricia de forma brusca mi cabello, es una especie de señal de hermandad, y sin más, me comienza a abrazar, ¡carajo! no nos decimos nada, pero con el silencio nos dijimos todo.

Sigo mi camino, busco caras conocidas, no encuentro ninguna, estoy lejos de casa, así que rápidamente busco mi celular en paquetería, lo miro, tengo una llamada perdida y un mensaje de voz; es de mi hijo, mamá lo puso al teléfono para decirme –Te amo papito–  mi corazón ya no puede más, está lleno de felicidad, el dolor ha sido vencido, tomo mi medalla, la aprieto con fuerza, miro al cielo, y es cuando le digo a Dios un profundo…

Gracias

Cuando cruzo la meta la paz llega, cuando cruzo la meta las respuestas están ya en mi cabeza, cuando cruzo la meta mi alma descansa, cuando cruzo la meta mis plegarias se elevan, es por ello que cuando cruzo la meta; mi mente, mi cuerpo y mi corazón ya están pensando en mi próxima competición.

Ahora espero que puedas entender el por qué me gusta correr, no se trata de qué voy a ganar, ni a quién voy a vencer, ni en qué lugar vaya a llegar, se trata de darme cuenta hasta donde puedo llegar y todas las miles de emociones que llegaré a experimentar, y eso sólo sucede:

Cuando cruzo la meta

 Firma Korridori

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