Todo estará bien (María y sus Tenis Rotos, Capítulo XXVI)


María y sus tenis rotos, novela de running con toques de ficción pero que nace de la realidad, después de saberse enferma su vida cambia y ahora tiene que correr para alcanzar la vida de los demás, pero irónicamente la suya se le va.


Final Capítulo XXV – María y Mateo se habían embarcado en un viaje llamado correr, ella se convirtió en sus ojos, él sólo se dejó guiar, y juntos vivieron un momento espectacular.

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Capítulo XXV: Correr como si fuera la primera vez


¡Detente, detente! Por favor detente… fue lo que exclamó Mateo, tras casi tres kilómetros de correr al lado de María, él simplemente quedó exhausto.

-Vamos Mateo, no me digas que ya te cansaste-

-Un poco; pero la sensación de sentir las gotas de sudor corriendo por mi rostro es simplemente hermoso, no recuerdo haberme sentido así desde hace mucho tiempo-

Mateo experimentó en esos cuantos kilómetros, la libertad, el placer y la satisfacción que produce correr, no le importó que su vista fuera nula, tampoco si su técnica o vestimenta fueran las más adecuadas, Mateo simplemente decidió sentirse bien.

María en cierta forma se sintió también satisfecha, no sólo por haber corrido después de algunos días de no poder hacerlo, sino porque había motivado a Mateo para que se arriesgara, eso sin lugar a dudas siempre será un gran logro para un corredor, motivar a que otra persona lo intente.

Pero aquel momento no pudo durar por mucho tiempo, María comenzó a sentirse mal, un repentino dolor de cabeza la abrumó, claro estaba tenía pocas horas de haberse sometido a su primera quimioterapia, el médico le había pedido ser cuidadosa, pero en María; esa palabra no existía.

Mateo rápidamente percibió algo extraño -¿María estás bien?-

-Sí Mateo no te preocupes, sólo un poco agotada -¿Qué te parece si aderezamos este momento junto a una taza con café?-

-Me parece muy bien María, prometo no tocar ningún instrumento musical dentro de la cafetería- ambos sonrieron.

De camino a ésta, María comenzó a marearse, pero no quiso decirle a Mateo para no preocuparlo, pero a ella aún no le quedaba muy claro que Mateo tenía un poderoso sexto sentido –el de la intuición-

-Algo te sucede María y lo puedo sentir-

Ella ya no pudo más, así que se detuvo para sentarse en la banca del parque.

-Mateo no me siento del todo bien-

-No te preocupes, buscaré ayuda-

-Por favor no llames a mamá, tampoco al Dr. Delgadillo, seguro se enfadarán conmigo, ten mi celular y habla con Aurora-

Mateo rápidamente le llamó, minutos después; su gran amiga estaba con ellos. Aurora al ver el estado de salud de María, insistió en llevarla al hospital, pero ella se negó, -No te preocupes Aurora, sólo es cosa de ir a mi departamento, tomar los medicamentos y descansar-

Llegando al lugar, los escalones del edificio le parecieron a María como subir una montaña, sus fuerzas literalmente la abandonaron, mamá no estaba,  así que lo primero que hizo María al entrar fue dirigirse al baño, Aurora y Mateo estaban en total incertidumbre.

Tras la puerta sólo es escuchaban ruidos extraños, -María ¿Está todo bien?- preguntó Aurora.

-Todo está bien, por favor vayan a casa, mamá no tarda en llegar, ella me cuidará-

-Pero María al menos esperemos a que ella llegue, así como estás no puedes quedarte sola-

-No es necesario Aurora-

-María ¿Estás vomitando? me preocupas-

-No nada de eso Aurora ¡Por favor! créeme estaré bien-

Aurora se sintió impotente, pero Mateo aún más, ella a fin de cuentas la conocía desde niña y sabía que era una mujer muy terca, así que ambos se resignaron, y fue así que se cerró la puerta marcada con aquel número nueve del departamento de María.

Dentro del baño las cosas no cambiaron, vómitos, mareos, un cuerpo languidecido era lo que ahí se encontraba, María finalmente comenzó a sentir la destrucción que provoca la quimioterapia. Tras varios minutos de decirse a ella misma –todo estará bien– salió del baño directo a su cama, aquella sensación era terrible, era una especie de calor interno, conjugado con calosfríos, su llanto no fue producto de la tristeza sino del dolor mismo, el dolor en cada coyuntura de su cuerpo era como si tuviera enterrado un clavo en cada una de ellas.

Mamá llegó a los pocos minutos, su sorpresa fue grande al encontrar a María, literalmente abrazada a la taza del baño, su ropa se encontraba sucia, manchada por esa batalla que comenzaría a enfrentar tras cada sesión de quimioterapia.

Cuando la vida nos pone en situaciones tan dramáticas, donde sólo cabe tener fuerza, determinación y una tremenda fe en Dios, ahí estará él para decirnos, no te preocupes todo estará bien.

-Espera el capítulo XXVII-

María y sus tenis rotos 2

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